Los trapos sucios de Dios

Soy Judas Iscariote y, como tal, os hablaré de mis vivencias y andadurías con ese ídolo pop conocido como Jesucristo, haciendo especial hincapié en todos sus trapos sucios.

30 abril, 2006

Las excentricidades de Cristo (I): La zarza maldita

Mini-Prólogo

Para empezar tengo que destacar algo que no sabe mucha gente de Jesucristo y es su gran propensión a realizar excentricidades. Tal vez sea cosa de los genios. Los grandes genios de la historia han sido excéntricos, como Einstein que sacaba la lengua o Van Ghog que se cortó una oreja. No creo que Cristo estuviese loco, ni tampoco que fuese un genio, pero sí que era notablemente excéntrico y estos relatos así lo demuestran.


La Zarza

Tras haber reunido a todos sus discípulos y apóstoles, Cristo se encontraba en su máximo momento de popularidad por Israel. Era una figura noble y sabia, es decir, que lo conocíamos poco. Fue entonces cuando comenzó a cometer sus excentricidades, impropias de un Mesías pero propias de él. La primera, que recuerde, fue la famosa anécdota de la zarza. En la Biblia se puede encontrar un paraje en el cual Cristo maldice una zarza porque sí, dando sensación de tener un mensaje parabólico o metafórico. Sin embargo, lo que ocurrió realmente dista de ser una enseñanza para la humanidad.

Por aquel entonces, el tener un baño para uno propio en pésimas condiciones era todo un lujo. Lo normal era hacer tus propias necesidad en la calle, como cualquier hijo de vecino, sin peligro a que ningún guarda romano te multase. El caso es que, con el frío que hacía aquel día, Jesucristo al ir a mear procuró resguardarse un poco del viento helado en una zarza cercana. Pero tuvo tan mala suerte que su sagrado pene (¿Cómo de grande será? Bueno, no había mucha intimidad en la época y sé como de grande es pero su tamaño es algo tan morboso que lo dejaré para otro momento) se lío en alguna rama hiréndole y pinchándole. No es algo tan especial, lo especial ocurrió después. Se la guardó y empezó a señalar a la zarza, maldiciéndola como si lo ocurrido hubiese sido voluntad propia de ella misma. Todos sabemos que las zarzas carecen de voluntad propia, no tiene sistema nervioso ni neuronal, pero parecía que a Jesús se le había nublado la razón para apasionarse en señalar un imposible.

-Te maldigo -gritaba- ¡Arderás en el infierno! ¡Maldita!

Rió como un poseso, no era nada normal. Los apóstoles nos asustamos hasta que San Juan, sí, el Evangelista amanerado empezó a alabar a Cristo por su acción, como si hubiese sido lo más profundo y educativo que hubiese dicho y hecho en todos nuestros andares. El resto lo comprendió de esa forma igualmente, aunque en nuestro interior sabíamos que eso había sido un gambazo divino, un gambazo celestial, digno de carcajada atroz por lo capullo que pudo resultar nuestro Mesías.

15 abril, 2006

El comienzo: La infancia de Cristo

¿Por dónde podría comenzar mi epístola anunciadora de la verdad de Cristo? ¿Por el principio? ¿Por el final? ¿Por la venta de Dios y su parte más magrosa? Tal vez debería comenzar por como comenzó él su propia historia según su propia versión. Cristo, por muy contrastante que resulte, era una persona callada y tímida, se guardaba todo o casi todo para sí. Si tenía algún problema, ahí que se lo confiaba a Dios, su padre biológico (en teoría, pero a saber cuantas veces le habrá puesto los cuernos su madre, ea), y a nosotros no nos decía ni palabra. Se podría decir que no lo conocíamos, casi nada, absolutamente. Decía qué teníamos que hacer, aunque no le hiciesemos ni caso, la mayoría, pero nunca se mostraba a sí mismo, nunca se dejaba ser sí ni confiaba lo suficiente en nosotros para confiarnos sus miedos y su yo más oculto. Bueno, a mí siempre me cayó mal, si yo le seguía era por puro aburrimiento: en el antiguo Israel no había tele y por tanto no había mucho interesante que hacer.



Sin embargo, entre parábola y parábola absurda, una tras otra, Cristo dejó ver un ápice de sí mismo. San Juan, el asarasado (tenía un ramalazo tremendo, nada más lejos de sus posteriores imagenerías de tanto pintores como escultores, imaginieros en general), consiguió establecer un extraño vínculo de camaradarería nada correspondiente con Jesús. Así, pues, consiguió que Jesús recitase un extraño y notorio monólogo sobre sí mismo.

No recuerdo como dictaba el monólogo exactamente pero dijo algo parecido a esto: "Mi infancia comenzó cuando era niño, de muy joven, recién salido del vientre de mi madre, sin tener ni idea de cual Destino me impondría la vida y mi padre, que no resultaba no ser ese señor que acompañó a mi madre en el parto. Durante años viví en la más absoluta incomprensión, orbitando por ahí, ligando con chicas (NdA: decíase de Jesús que en su más tierna adolescencia adolecía de su ímpetu celibativo y ligaba a chicas de su alrededor a mansalva, sin frenarse ni frenillo (era judío antes de ser cristiano), pero esto siempre fue una leyenda urbana muy comentada entre sus discípulos y la cual no considero muy veraz), haciendo gamberradas y permitiendo que el Diablo me sometiera a su modo y manera. Mi vida ya era muy complicada a los 17 años, era un rebelde sin causa, como James Dean (NdA: Vale, eso no lo dijo, pero joder, acabo de ver esta pequeña joya de los 50, brutal, de algún modo tenía que comentarla.. vale, ya no comento nada más). Estaba perdido, nada era sencillo y fue cuando mi madre aprovechó para revelarme la verdad. Un rollo raro, me contaba cosas de que si ella era virgen cuando me tuvo, que si un Ángel vino a concebirla y que yo era hijo de Dios. Total, un montón de tonterías que no entendí bien, mi madre por entonces no se expresaba con claridad, de ahí que nadie se cosque de mis complicadas parábolas. Además, por entonces, yo tampoco le ponía mucha atención a nada que decía. Después de esa complicada conversación con mi madre, saqué la lógica conclusión de que mi madre era una puta y que se había acostado con todo Dios pero que deducía que lo más obvio es que fuese hijo de un tal Ángel, que supongo que ella lo dedujo por mi parecido físico con él." Entonces, alguno de los allí presentes, hizo una pregunta que sonaba tan estúpida como: "¿Y qué pasó?" con su respuesta. "Pues nada amiguitos. Que por suerte Dios se puso en contacto directo conmigo, sin problemas, y me lo contó todo con los pelos y señales necesarios. Que soy un Mesías y tengo que predicar su Palabra para conseguir que el mundo viva en paz. Está claro que no lo tuvo nada fácil, porque nada más contarme que él era mi padre biológico yo no tuve nada mejor que hacer que cabrearme con él, por desatenderme tantos años, dejarme al cuidado de un extraño carpintero y no llevarme al fútbol a ver como el Hassabbi Jerusalem perdía por enésima vez la liga. Esa es mi infancia, más o menos, tan corriente y común como la de cualquiera de vosotros sólo que siendo hijo de Dios y con milagros".

Luego contaría la segunda mitad de su vida, viviendo como mísero carpintero por lo enseñado de ese mísero carpintero que vivía con él pero que no era su padre. Pobre San José, tener que aceptar como hijo a alguien que sabe que no es su hijo y que, cada vez que lo mirase, recordaría esa infidelidad de la "supuestamente virgen" María. Intentamos sacarle un poco más debido a que el monólogo resultaba un tanto escaso y resumido pero no dijo que no podía, se daría el caso de que podríamos perderle el respeto como persona si supiésemos que se masturbaba, tenía malos pensamientos, robaba y mataba como hemos hecho todos en su tierna edad. Ese creo yo que fue siempre el gran problema de Cristo, que nunca quiso ser una persona normal, siempre tan altivo, siempre necesitó ser mejor que los demás.

14 abril, 2006

¿Y qué necesidad había?

Saludos, creyentes, o no. Sé que hay mucha gente que le costará creerlo pero yo soy el auténtico Judas Iscariote. Sí, sí, es lo que hay. Para algunos les costará creerlo porque no creen ni en Cristo ni en Dios ni en nada parecido, bueno, allá ellos. Para otros les costará creerlo porque, después de 2000 años, como que debería estar más que muerto, además de que según la Biblia me ahorqué, cosas que pronto serán explicadas. Y seguro, seguro, que a la inmensa mayoría, sabiendo que soy del mismo Israel, les resulta raro que hable español... bueno, es que estuve conviviendo entre sefardíes, y bueno, veréis.. El caso es que, como con todo, debéis de hacer un esfuerzo, un gran esfuerzo, de fe y pensar que soy el verdadero Judas Iscariote. Que lo soy, lo juro.

Bueno, como título de este primer mensaje pongo. ¿Y qué necesidad había? Claro. ¿Qué necesidad había que, tantos y tantos años después, aparezca por aquí y empiece a contar la verdadera historia de Cristo?¿No debería de ser esto un tema ya olvidado y denostado? ¿O es que acaso con el tema Jesucristo reavivado con EL CÓDIGO DA VINCI, la Semana Santa y el Documental del Evangelio Secreto de mí mismo de la National Geographic no vi mejor momento para contar mi historia aprovechando el auge católico y poder, así, sacar más billetes? Realmente todo es un cúmulo de circunstancias indeseables, no lo quise así. Para mí, los hecho relatados ocurrieron hace poco más de un año. Así es, viajé en un viaje de los que llaman espacio-temporales y acabé por aquí, en un pueblo cualquiera de este irascible país llamado España. Y de repente aprendí español, sí.. esto. Bueno, hace un año llegué aquí y empecé a ver cosas como la tele, cosas que me parecían mágicas y misteriosas. Pronto, le vencí el temor a esta otra caja tonta llamada ordenador. Sí, veréis, es que me decían que tenía que coger el ratón y a mí los ratones siempre me han dado mucho asco.

Pero a lo que iba. ¿Y qué necesidad había? Pues había la necesidad de que vi como la gente había destrozado mi imagen, mi nombre, mi bello nombre, se ha convertido en un puro sinónimo de la odiosa palabra "traidor". Y encima ahora dicen que yo era el discípulo favorito de Jesucristo. ¿Favorito? Tengo que lavar mi imagen, tengo que lavar mis trapos y seguir sacando beneficio de la imagen de Dios. Y qué mejor momento para iniciar mis andaduras en un día como hoy, Jueves Santo, que se llora el aniversario de la muerte de Jesucristo. Muerte de la que soy en parte culpable.

Este es mi mensaje de bienvenida en un diario de bitácora personal en el que espero poder hablar largo y tendido sobre esa figura tan sobrevalorada como es Jesucristo y sus apóstoles, que menudos eran los jodíos..